Según filtraciones creativas, la película traza un paralelismo casi poético entre ambos personajes: Alfaro construyó el ferrocarril para unir al país; Noboa, en cambio, promete conectar almas a través de decretos, tick tocks y discursos de 30 segundos perfectamente editados. Donde Alfaro encendía revoluciones, Noboa enciende tendencias. Donde el primero cabalgaba entre montañas y pólvora, el segundo navega entre encuestas y algoritmos. Dos épocas, un mismo destino: intentar gobernar un país que siempre parece estar a punto de reinventarse… o de colapsar con elegancia.
La narrativa alcanza su clímax cuando el “Alfaro del siglo XXI” mira al horizonte , no de rieles, sino de redes, y susurra: “Mi lucha ahora es contra el olvido… y contra los borregos que no olvidan a Rafael Correa”. En ese instante, la historia deja de ser historia y se convierte en espejo: uno de esos incómodos, donde el pasado y el presente se miran fijamente, sin saber si están avanzando o simplemente repitiendo la escena con mejor iluminación.
La producción aún no tiene fecha de estreno, pero ya ha sido catalogada como el primer biopic donde el protagonista no solo interpreta a un líder histórico, sino que compite con él en tiempo real. Porque en este país , dicen los productores, la política no se inspira en el cine… el cine apenas intenta alcanzarla.
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